Políticamente Acorrecto
La eficacia de una propaganda política y religiosa depende esencialmente de los métodos empleados y no de la doctrina en sí. En condiciones favorables, prácticamente todo el mundo puede ser convertido a lo que sea ”. -Aldous Huxley

"Sweet dreams are made of this. Who am I to disagree? Travel the world and the seven seas. Everybody's looking for something. Some of them want to use you. Some of them want to get used by you. Some of them want to abuse you. Some of them want to be abused". -Eurythmics, BSO The Profit

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jueves, 14 de agosto de 2008

Adventistas y testigos

La eficacia de una propaganda política y religiosa depende esencialmente de los métodos empleados y no de la doctrina en sí. En condiciones favorables, prácticamente todo el mundo puede ser convertido a lo que sea ”. -Aldous Huxley


Adventistas del Séptimo Día y Testigos de Jehová.

Como decíamos, resulta asombroso que todo o gran parte del sectarismo actual tuviera su base en un fraude intelectual, el milenarismo apocalíptico, que ha proporcionado vidas de lujo desmedido a sus impulsores. La imagen de Joseph Franklin Rutheford con sus dos Cadillac V-16 de 1930, alcohólico que burlaba la Ley Seca, o en alguno de sus yates y palacios dorados, da una idea de lo bien que viven éstos supermillonarios "humildes siervos de Jehová". O sea, los jefes; porque mientras ellos mantienen trenes de vida como el Transiberiano, la filosofía para los adeptos es aquella excepción de la viuda que, pese a ser pobre, practica la caridad. Gracias a esa piedad que manifiestan muchísimos testigos hasta hoy, el juez Rutherford disfrutaba de dos palacios en California con más de 1.500 metros cada uno, particularmente "La Mansión de los Príncipes" de Beth Sarím (donde compartiría casa con Abraham, David y demás Patriarcas), su lujoso apartamento en Manhattan, la casa en Isleta de Staten Island, y su mansión en Alemania, que utilizaba para viajar veraneando cuatro meses al año por Europa.




Iluminados delincuentes.
El fundador de los Testigos es Charles Taze Russell, proselitista de la arraigada masonería norteamericana que se hizo enterrar en una pirámide junto a sus hermanos de logia. Auto-nombrado "pastor" adventista, fue juzgado -y condenado- muchas veces por fraude, y su único medio de vida fue el engaño. Russell se hizo muy famoso por sus distintas curas para el cáncer (falsas, por supuesto) y especialmente por su gran estafa del “Trigo Milagroso”. El periódico The Brooklyn Tagle comprobó la falsedad de sus extravagantes remedios y denunció que vendía trigo normal y corriente a precios estratosféricos. También fue sentenciado por falsificación al pretender que traducía la Biblia del griego y hebreo, idiomas que desconocía puesto que ni siquiera acabó la secundaria.

Lo mismo podemos decir de sus predecesores adventistas del 7º Día, del estafador José Smith, múltiple asesino convicto y fundador del mormonismo, o de Ron L. Hubbard, el psicópata con simpatías por el satanismo creador de Cienciología, todos ellos juzgados y condenados por múltiples delitos. Todos murieron en la opulencia, inmensamente ricos y a menudo con harén propio, dueños de imperios económicos de dimensiones, esta vez sí, planetarias.

Fin del mundo, mañana; y si no, pasado.
Según los últimos cálculos de Testigos de Jehová y otros adventistas, el fin del mundo será dentro de 28 años, el próximo 2034. Con esta son una treintena las fechas que llevan anunciadas como definitivas para el gran final de los tiempos.
Aunque el fundador de los adventistas fuera William Miller, un granjero de Pennsylvania nacido en 1782, la verdadera iluminada y primera adivina de la secta fue la supuesta profetisa Ellen G. White. Basándose en la interpretación de Daniel 8,14 por Miller y en las revelaciones de Ellen G. White, el mundo tendría que haberse acabado en 1843. Tras la ¿decepción?, Miller anunció el Fin del Mundo para el 21 de marzo de 1844, el 18 de abril de 1844 y el 22 de octubre de 1844 (Francis D. Nichol, The Midnight Cry, pp. 457 y ss).
El 22 de octubre de 1844 los adventistas subieron al monte para ser transportados mientras el mundo terminaba. Arremangándose sus blancas túnicas volvieron a casa, tristes porque no les salvaban como "santos" mientras miles de millones de personas perecían en azufre ardiente. Al día siguiente, 23 de octubre, un adventista del montón llamado Hiram Edson dejó de ser "anónimo" cuando comunicó al resto de sectarios que había tenido una visión en la que Jesús llegaba a su altar celestial (hay varios cielos, como en la Divina Comedia). Desde entonces sus seguidores piensan que Miller no se equivocó en la fecha (22 de octubre), sino que se confundieron de lugar, tanto para la ascensión de los 144.000 salvados como para el lugar hacia el que se dirigiría Cristo.
Tampoco hay acuerdo en la fecha de partida, puesto que en 1823 John Acquila Brown publicó su cálculo desde el 604 aC hasta el fin en 1912; en 1842 W. Miller tomaba el 677 aC llegando a 1843; en 1875 N. Barbour prefería el 606 aC y 1914 como final, al igual que Charles Russell en 1875. Los testigos consideran desde sus repetidos fracasos que el Juicio Final empezó en 1844, a falta de llegar el definitivo Armagedón. Pese a ello se han sucedido distintos Apocalipsis según las distintas variantes sectarias, en 1873, el 22 de octubre de 1874, el 16 mayo de 1875, el 14 noviembre de 1875, en 1878, 1881 y con la Guerra Mundial en 1914 y 1918.

Por su parte, el escindido adventista Russell, creador de los Testigos, anunció la segunda venida de Cristo para el año 1914 haciendo suya la predicción de N. Barbour, pero basándose en su obsesión por las pirámides (si alguien no lo puede creer, hay un audio donde explica sus alucinaciones desde el minuto 1:42). El "pastor" afirma que la Gran Pirámide es un diseño directo de Dios (Atalaya, 15 junio 1822, pág. 187), y que sus medidas marcan las:
"3.457 pulgadas, simbolizando 3.457 años"
(el sistema métrico no le gusta a Jehová), lo que, a su vez (como recoge "Venga tu Reino", de 1916, pag. 342 o también "Estudios sobre las Escrituras" vol.3 pág. 313):
"muestra que el fin de 1.914 será el principio del tiempo de angustia".


Al no terminarse el mundo ni abrirse las puertas del cielo para aquel grupito de elegidos (los fieles quedaron vestidos con túnicas blancas en la montaña mientras esperaban su ascensión) Russell pospuso la fecha un año, hasta 1915, pero tampoco pasó nada. Anunció el final definitivo para 1918... Y siguió sin pasar nada, excepto que al poco tiempo, en 1916, Russell fallecía sin haber acertado ni una predicción. Incluso la aversión de los testigos por la cruz es posterior a él, tal y como puede verse en su tumba (no fue hasta 1925 que cambiaron la cruz por un palo).

El relevo fue tomado en 1917 por un hedonista y violento Joseph Franklin Rutheford, abogado de Missouri que se auto-nombró "Juez". El Juez bon vivant, auténtico creador de la secta tal y cómo la conocemos, tomó las riendas dándole su carácter de enemiga de Roma, multiplicando los fraudes y haciéndola mucho más agresiva.
Rutheford es el creador del nombre Testigos de Jehová, en 1931. También fue Rutheford, al que los testigos consideran a la altura de Jesucristo, quien certificó la idea de Russell sobre "el principio del tiempo de angustia" en 1914 cuando Armagedón no se dignó a presentarse. El nuevo gurú estableció 1914 no como un fin, sino “el principio del fin” (beginning of last days), algo que otros adventistas piensan de Millar y el año 1844. A continuación proclamó el fin del mundo para 1925.
Con el nuevo Armagedón todos los Patriarcas bíblicos resucitarían para gobernar el mundo y acompañar a los testigos, los únicos en no perecer... Así empezó su exitosa campaña "Millones que hoy viven jamás morirán", donde prometía a sus adoradores que no sufrirían la muerte. Montañas de dinero vinieron a sus manos como respuesta de gentes sencillas y confiadas. El, de momento, penúltimo intento de fraude lo protagonizó otro testigo iluminado, Fred Franz, 4º presidente de la secta que en "Vida eterna en Libertad de los hijos de Dios" de 1966 anunció el Armagedón para 1975.
Desde entonces hasta la actualidad ha habido distintas opiniones “proféticas” pero, según parece, hay cierta división: mientras unos consideran el Armagedón inminente, aunque sin datación clara, los otros mantienen la fecha de 2034 como el próximo fin de los tiempos. Si “los tiempos” deciden continuar no será problema para adventistas y testigos, dada su práctica en equivocarse y remozar sus datos según sople el viento (no el del Espíritu).

Por absurdo que parezca, no son éstos sus puntos débiles. Sus talones de Aquiles son, en realidad, dos:
1º La destrucción de la personalidad. Muertes y enfermedades mentales de sus miembros derivada de aplicar técnicas de coerción mental.
2º Sus finanzas. El funcionamiento de grandes multinacionales, pretendidamente “sin ánimo de lucro”, que están detrás de cada movimiento sectario.

El negocio Watchtower.
Basándonos en la carta que publicó el secretario portavoz de AFAS en España, Antonio Carrera, podemos discernir cómo funciona el imperio Watchtower en nuestro país.
Los Testigos de Jehová fueron clasificados como uno de los 173 grupos más dañinos que actuaban en Francia. El país vecino ordenó entonces una auditoria sobre sus finanzas por el periodo que va desde 1993 a 1996 y, fruto de ello, les demandaron el pago de 25 millones de dólares en concepto de impuestos. Los Testigos se negaron, por lo que se les impuso una multa de 50 millones. En junio de 1998 los Testigos de Jehová, o mejor dicho, la multinacional Sociedad Anónima Watchtower de Nueva York, que es quien está detrás del negocio, desmontaron sus fábricas de Francia, Austria, Grecia, Países Bajos, Dinamarca y Suiza. Afortunadamente para ellos, en Europa les quedaba España, paraíso de las sectas. La Sociedad Anónima Watchtower está compuesta por 500 accionistas secretos que en octubre de cada año celebran sus reuniones a puerta cerrada. Ellos son el llamado "Cuerpo gobernante", los que se ríen de sus adeptos. Solo en España, los Testigos tuvieron durante 1992 unas ventas que ascendieron a dos mil millones de pesetas.
La secta Adventistas del Séptimo Día es dueña de 50 casas de publicaciones en más de 220 idiomas, y ha tenido infinidad de problemas a consecuencia de los escándalos financieros que presuntamente implican a sus directivos. Notable conmoción causó el reportaje de TIME en agosto de 1982 sobre el llamado caso Davenport, pero basta echar un vistazo a cuánto y cómo utilizan el dinero de sus colectas para hacerse una idea.


El milenarismo como crimen, además de negocio.
Templo SolarJim JonesDavidianos.
El 19 de abril de 1993, 88 miembros de la secta Davidianos se suicidaron o murieron a resultas de los enfrentamientos con la policía en Wako, Texas. Los Davidianos, una rama adventista, siguen activos especialmente en Estados Unidos y Reino Unido. El 5 de marzo de 1995 11 personas fueron asesinadas y hasta cinco mil heridas por el atentado al metro de Tokio perpetrado por la secta Aoum. Entre 1994 y 1997 se desarrollaron hasta cinco “suicidios colectivos” que llevaron a la muerte de 74 personas pertenecientes a la secta Templo Solar en Francia, Canadá y Suiza. Los “suicidios” dejaron de serlo cuando el 23 de diciembre de 1995, en Vercors, la gendarmería francesa encontró dieciséis cadáveres entre los que había tres niños asesinados a tiros, de 19 meses, cuatro y seis años, amén de sus respectivas madres masacradas a golpes. En abril de 2001 empezaba el único juicio contra la secta, y en junio de 2001 el tribunal correccional de Grenoble absolvió al gurú, un director de orquesta franco-suizo llamado Michel Tabachnik, el único imputado que llegó a juicio.
Con los precedentes de una hecatombe con 913 personas “suicidadas” en la Guyana francesa bajo la influencia del reverendo Jim Jones, o los casos de aparentes suicidios, muertes poco claras y acusaciones de todos los delitos imaginables a la Cienciología, el gobierno galo nombró una comisión de investigación de donde surgió el llamado informe Gest-Guyard. Es desde ese momento que asociaciones hasta entonces más o menos toleradas entraban en la clasificación de “sectas peligrosas”, no sin intensos debates para establecer los límites de la libertad de culto.