Políticamente Acorrecto
La eficacia de una propaganda política y religiosa depende esencialmente de los métodos empleados y no de la doctrina en sí. En condiciones favorables, prácticamente todo el mundo puede ser convertido a lo que sea ”. -Aldous Huxley

"Sweet dreams are made of this. Who am I to disagree? Travel the world and the seven seas. Everybody's looking for something. Some of them want to use you. Some of them want to get used by you. Some of them want to abuse you. Some of them want to be abused". -Eurythmics, BSO The Profit

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martes, 21 de junio de 2011

Big Love

¿Qué es un matrimonio? Según la Real Academia, "unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales", y "en el catolicismo, sacramento por el cual el hombre y la mujer se ligan perpetuamente con arreglo a las prescripciones de la Iglesia". La Constitución española reconoce en su artículo 33 el derecho al matrimonio: "El hombre y la mujer tienen derecho a contraer matrimonio con plena igualdad jurídica". Todo ello no es más que fruto de la lógica, el sentido común y la constatación de la naturaleza, asumiendo que el ser humano es un animal sexual, es decir, que necesita el concurso de los sexos para perpetuarse. Pero la organización familiar es otra cosa. Sin ir más lejos, la misma Iglesia tiene un gran historial de uniones familiares diferentes, como las homosexuales, que se mantuvieron hasta el siglo XIII cuando Felipe IV de Francia decidió acabar con los templarios y adujo como motivos, entre otros, las relaciones homoeróticas. Grandes santos, como los mártires San Baco y San Sergio, fueron retratados desde el siglo III como pareja de hecho bendecida bajo la fórmula "rito de hermanamiento". La tradición de bendecir distintas organizaciones domésticas perteneció a la Iglesia y a todo occidente hasta que el poder político interfirió apropiándose de lo que no le pertenece, la esfera más íntima de los ciudadanos, exactamente igual que ahora pretende imponer a golpe de decretos teorías ideológicas como la de género. El catedrático de Historia en Harvard, John Boswell, firme católico y homosexual que murió de sida, dedicó un estudio a dichas uniones bendecidas en "Las bodas de la semejanza" (1994).

Así que el matrimonio es una cosa, pero la organización familiar otra. Y los mormones tienen cada vez mayor relevancia pública. En los primeros capítulos de Big Love se hace hincapié en dicha diferencia, cuando al entrevistar a unos mormones polígamos estos se quejan de la discriminación a que son sometidos mientras que las parejas monosexuales cuentan con la tolerancia social y legal. Los problemas del "matrimonio plural" vienen a continuación, que no son pocos, y los abusos que se perpetran en comunidades cerradas, especialmente contra niñas, planean sobre esta extraña serie para saborear con calma.


La razón primera para acercarse a Big Love es HBO, y la segunda son sus actores y actrices. Bill Paxton es el marido, envidiable o digno de compasión según momentos, Paxton protagonizó una gran película de Sam Raimi en 1998, Un plan sencillo. Jeanne Tripplehorn es la primera esposa, actriz maravillosa en su momento de maduro esplendor (está guapísima), fue la psicópata de Instinto Básico en 1992. Chloë Sevigny (Boys Don't Cry, 1999), la segunda esposa, controvertida actriz de inquietante mirada que en Big Love se come la pantalla y roba escenas casi sin proponérselo. Ginnifer Goodwin es la tercera esposa y un agradable descubrimiento. Amanda Seyfried, la hija mayor, a esta Caperucita Roja pudimos verla muy sexy en Chloe (2010), ojo con ella (Bette Davis... Susan Sarandon... Amanda Seyfried). Además hay todo un festival de grandes actores de reparto, como los veteranos Bruce Dern, Harry Dean Stanton o Grace Zabriskie. Los creadores son Mark V. Olsen y Will Scheffer, que además son pareja casada monosexual.

Big Love no es un producto irreverente, al contrario, trata a los mormones con la misma naturalidad que se aplicaría a católicos o protestantes (los mormones no son cristianos). Cuando he contado la historia de los mormones en esta misma bitácora, siempre me remito a los problemas clásicos de las sectas peligrosas, pasando por alto que detrás de toda secta hay personas, familias, tan buenas o malas, decentes o indecentes como cualesquiera otras. Cuando se cuenta la historia de, por ejemplo, los testigos de Jehová, es injusto no destacar que su compromiso pacifista les ha llevado constantemente a prisión, y que todos los regímenes socialistas totalitarios los masacraron en mayor número que a otras minorías siempre presentes desde la corrección política (en 1939 unos 6.000 testigos estaban en prisiones o campos de concentración nazis). Los mormones no han sufrido persecuciones tan violentas como otras sectas, y ellos mismos no son ejemplo de pacifismo. Nada tienen que ver con testigos, cuáqueros y otras formas de cristianismo pacifista. Quizás porque se confeccionaron un Estado a medida en Utah y solo recientemente han traspasado fronteras. Pese a todo el gobernador de Missouri, Lilburn Boggs, llegó a emitir una orden ejecutiva llamada Extermination Order ("los mormones deben ser tratados como enemigos, y deben ser exterminados o conducidos fuera del Estado"), que estuvo vigente hasta 1976, y años después, en 1857, el presidente Buchanan envió a un tercio del ejército estadounidense contra los mormones en la guerra de Utah. La violencia actual es de otra índole, más sutil, y basa su animadversión en dos pecados originales de los mormones: racismo (su mitología fundacional consiste en que los blancos -nefitas- guerrearon contra los perversos negros -lamanitas), y violencia sexual contra niñas, amparados en la poligamia.

Big Love es "una de casitas", como esos telefilmes de sobremesa americana que nos endiñan sistemáticamente cada tarde del fin de semana. Siempre familiares, siempre en casitas de suburbios americanos con barbacoa, siempre perfectas para la siesta. Una de casitas es Desperate Housewives, mal traducida como "mujeres desesperadas", exitosa e intrascendente. Pero la única relación entre las anteriores y Big Love, es que en todas hay casitas.



Big Love es mucho más. Es un curso acelerado para comprender cómo es el modelo social mormón, y cómo es el gran cisma que separa a los mormones entre polígamos y los que renunciaron al "matrimonio plural". Muy destacable la descripción de los prejuicios imperantes contra los polígamos -la poligamia es ilegal en USA- que les obliga a vivir prácticamente en la clandestinidad. La oposición más dura es la de los propios mormones que renunciaron a la poligamia de sus fundadores y profetas. No sin razón, los mormones monógamos denuncian y persiguen a los polígamos, por quienes son considerados apóstatas. Los monógamos que aparecen son la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, la mayoritaria, y las distintas comunidades polígamas son parte de la Iglesia Fundamentalista de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, totalmente aparte de la sociedad, muy racistas y terribles para las niñas. Los protagonistas de la serie son polígamos, originarios de una comunidad fundamentalista que conviven en "el mundo" con los no fundamentalistas. Si soltaran algunos de nuestros altos cargos en medio de Salt Lake City -Leire Pajín o Bibiana Aído, por ejemplo- los estupefactos ciudadanos de Utah creerían estar, literalmente, ante marcianos. Los discursos sobre conjunciones planetarias o que un embrión humano no es humano sino bicho,  serían un gran éxito en cualquier programa de humor cáustico. Big Love plantea el "matrimonio plural" fuera de las comunidades herméticas, integrado en "el mundo" y con personas que podrían ser ejemplo del sueño americano. Las numerosas sectas y comunidades fundamentalistas viven absolutamente apartados, son una postal de La Casa de la pradera disfrutando de todas las comodidades modernas que les interesan. Por hacer un símil, son como esos judíos ortodoxos que soportan mal a sus vecinos no ortodoxos. La familia protagonista de Big Love no es así, y esta es precisamente la gran transgresión de la serie, el acercamiento a una forma de vida diferente tan buena y tan mala como cualquier otra.